10 agosto 2006

El camino de la vida

Podría en el post de hoy escribir que los caminos del señor son infinitos e insondables.

Podría soltar otro ladrillo en este blog sobre la libertad de la que gozamos. Porque no nos engañemos, somos libres. Nadie nos impide tomarnos veinte cervezas, o ir a la piscina, o descerrajarle 7 tiros a alguien. Otra cosa son las consecuencias, pero libres de hacerlo somos.

Podría incluso disertar sobre la felicidad sensorial en la que nos envuelve el capitalismo, cómodo y atractivo. O sobre la felicidad emocional en la que puedes zambullirte gracias a ciertas actividades filosóficas.

Pero no les quiero cansar. Sólo comentar que me jodería dejar este trabajo, que me gusta y estoy bien acompañado. Pero al final quien manda son los bancos, y mi cada vez más cercana hipoteca me va a obligar (si quiero una casa, y la quiero) a olvidar millones de esos caminos del señor, a no poder elegir libremente irme a Punta Cana de vacaciones haciendo gala ante los indigenas de la ostentación de poder del primer mundo, y a sumergirme hasta el fondo del capitalismo.

2 comentarios:

Marga F. Rosende dijo...

Vaya por Dios, tener que renunciar a cosas por una maldita hipoteca...

Un beso

toxcatl dijo...

Hay que joelse... se empieza por la hipoteca y, al final,... se acaba dejando otros vicios que si son gratis (bueno, depende del profilactico que uses o no...)